Sabemos que te importa la experiencia de tus empleados en la empresa e inviertes en su crecimiento, pero quizá tus esfuerzos no sean los óptimos. Cuando hablamos sobre la participación y el desarrollo de los empleados, solemos centrarnos en dos grupos: los de mejor rendimiento y los de bajo rendimiento. Pero a menudo pasamos por alto a los a los de rendimiento medio. Esto es un error. 

Nos centramos en los mejores porque generan la mayor cantidad de dinero, la mayor innovación y mayores contribuciones al resultado final. Si mantienes su participación y alto nivel de rendimiento, seguirás cosechando los frutos de su talento.

Los trabajadores de menor rendimiento reciben mucha atención porque causan la mayoría de los dolores de cabeza. Suelen ser los menos comprometidos, los más propensos a cometer errores y los que te suelen costar más dinero. Los programas de formación y desarrollo dirigidos a estos empleados intentan reducir la carga que suponen para los empleadores.

No te centres únicamente en los de mejor rendimiento.

Datos recientes sugieren que los empleados de rendimiento medio representan aproximadamente el 60 % de la plantilla promedio, mientras que los de rendimiento más alto y más bajo componen el 40 % restante. Sí, retener y favorecer el desarrollo de los que mejor rinden es una prioridad importante. Pero no tiene sentido hacerlo a expensas de profesionales fiables y solventes, que representan la mayoría de tu personal. En una época de escasez histórica de personal con talento, invertir en estos empleados podría convertirse una ventaja competitiva clave.

Invertir de más en los empleados con bajo rendimiento suele ser un error.

Todos queremos convertirlos en casos de éxito, pero en algún momento hay que admitir la derrota. Claro que creemos en las segundas oportunidades, pero cuando los empleados tienen un rendimiento sistemáticamente bajo en sus puestos, suele significar que están demasiado desvinculados o no son adecuados para tener éxito en esa función. 

Según investigaciones de Harvard, contratar a un empleado de rendimiento alto le ahorra a tu empresa 5300 $ en promedio, pero evitar contratar a uno tóxico o despedirlo rápidamente ahorra un promedio de 12 500 $. Esto no significa que la estrategia sea salir a buscar a los de menor rendimiento para despedirlos. Se trata más bien de evitar los improductivos y caros intentos de reformarlos.

El trabajador que hoy tiene un rendimiento medio podría ser la superestrella del mañana. 

Nunca se sabe realmente quién será el próximo trabajador de alto rendimiento. Puede ser que algunos parezcan destinados a la grandeza, pero nunca alcancen su potencial. Otros trabajan en silencio durante años y, de repente, parecen despegar. Debido a esta variabilidad, invertir en el desarrollo de los trabajadores de rendimiento medio es una apuesta inteligente. Produce mejoras de rendimiento que se propagan a la mayor parte del personal, además de que aumenta tus posibilidades de identificar más de los mejores.

Haz que la experiencia del empleado sea excepcional para todos. 

Los trabajadores de rendimiento intermedio son la columna vertebral de tu empresa y su experiencia laboral importa tanto o más que la de los que tienen mejor rendimiento. Las empresas inteligentes sabrán encontrar oportunidades para mostrar su compromiso con este segmento a menudo desatendido. 

Pon en marcha programas de salud y bienestar que reduzcan el estrés al tiempo que aumentan el interés y la productividad. Si ofreces un programa de bienestar, asegúrate de contar con la tecnología (aplicaciones, herramientas, etc.) para ponerlo al alcance de todos los empleados, ya sea que trabajen a distancia o en persona. Puedes levantar la moral y mejorar el rendimiento si ofreces capacitación en atención plena. Amplía el acceso a los programas de formación y desarrollo que antes solo estaban disponibles para directivos y empleados de alto potencial. 

Tu empresa ya no puede permitirse el lujo de ignorar a los empleados con rendimiento medio. Si aún no has comenzado este proceso, empieza por repensar cómo se estructura la experiencia de tus empleados. Invierte en el medio. No te arrepentirás.