Empecemos proponiendo una reflexión sobre un par de desafortunadas estadísticas laborales: el 75 % de los adultos estadounidenses han padecido un problema de salud mental, pero, sorprendentemente, 8 de cada 10 trabajadores con un trastorno de este tipo afirman que la vergüenza y el estigma les han impedido buscar la atención adecuada. Esto es exactamente lo contrario de un ambiente de seguridad emocional en el trabajo en el que todos los empleados puedan desarrollarse, incluso en tiempos difíciles en el plano emocional o cuando enfrentan un problema de salud mental.

La investigación de Kaiser Permanente ha concluido que «incluso en los centros de trabajo más avanzados, muchos empleados mantienen sus trastornos en secreto. A menudo tienen miedo de que la sinceridad perjudique su reputación, comprometa sus relaciones laborales o incluso ponga en peligro su trabajo. Esto puede impedir que busquen ayuda y mejoren».

No ofrecer a los empleados seguridad emocional o un espacio seguro para resolver sus problemas de salud puede tener también importantes repercusiones en el plano económico para una empresa. Considera los siguientes datos sobre los trastornos de salud mental:

  • Son la principal causa de discapacidad laboral en todo el mundo, según la Asociación Estadounidense de Cardiología.
  • Son responsables de más de 6 de cada 10 días de trabajo perdidos, según la Alianza Nacional de Enfermedades Mentales (NAMI).
  • Costarán a los países de todo el mundo 16,3 billones de dólares entre 2011 y 2030.

En particular: 

  • El trastorno bipolar les cuesta a las empresas un promedio de 66 días laborales al año, con un coste de 9619 $ por cada empleado afectado.
  • El trastorno depresivo mayor (TDM) cuesta a las empresas un promedio de 27 días laborales al año, con un coste de 4426 $ por cada empleado afectado.
  • El suicidio, que suele ser consecuencia de la depresión, es la décima causa de muerte en EE. UU., y se cobró más de 47 500 vidas en 2019 (el último año en que los CDC proporcionaron cifras completas).
  • El suicidio es la segunda causa principal de muerte a escala mundial entre las personas de 15 a 29 años.

Es cierto que la pandemia ha debilitado el estigma sobre los problemas de salud mental y las empresas hoy son más conscientes de la importancia de contar con una plantilla más resiliente, tomar la iniciativa para mitigar el estrés nocivo en el trabajo y ofrecer programas y herramientas para que los empleados mantengan una buena calidad de vida. Sin embargo, a medida que volvemos a los centros de trabajo, es fundamental que los responsables de RR. HH. y de las prestaciones sigan fortaleciendo esta evolución hacia una filosofía de cuidado y empatía. Así crearemos ambientes de seguridad emocional y espacios seguros para que los empleados hablen sobre su salud mental y conozcan los síntomas de los distintos problemas de salud mental y la ideación suicida.

En términos formales, se trata de la «seguridad psicológica»: cuando los empleados saben que pueden expresarse libremente, sin riesgo de castigo o humillación. Es un factor ampliamente documentado como impulsor crítico de la toma de decisiones de alta calidad y dinámicas de grupo y relaciones interpersonales saludables. También se asocia a una mayor innovación y a mayor eficacia ejecutiva en la empresa.

Desde que la pandemia transformó el panorama laboral, se ha prestado mucha atención a los aspectos más visibles de la seguridad psicológica y el trabajo desde casa. Dos de las preocupaciones que han salido a la luz son la disminución de la confianza de los empleados en sus empleadores y una nueva dinámica de poder entre los que trabajan desde casa y los que van a la oficina.

Obviamente, no basta con decir «confía en mí». Según la Alianza Nacional sobre Enfermedades Mentales (NAMI), cuando una empresa prioriza la creación de una filosofía de empresa exenta de estigmas, «muestra y refuerza de manera visible que valora la salud general de los empleados, incluidos su bienestar emocional y salud física». 

Ese esfuerzo debe incluir, aunque no exclusivamente, lo siguiente:

  • Una iniciativa integral de salud y bienestar que haga hincapié en el bienestar mental.
  • Mejorar la educación sobre la salud mental para gerentes (en particular, sobre cómo hablar con los empleados sobre temas de salud mental).
  • Actividades para fomentar la participación de los empleados que se centren específicamente en la salud mental.
  • Comunicación periódica y continua sobre los recursos de salud mental disponibles para los empleados y sus familias.
  • Actividades sociales organizadas por la empresa, incluso si se llevan a cabo de forma virtual, en donde los compañeros puedan formar relaciones de apoyo basadas en sus intereses comunes.
  • Opciones y tiempo libre para que los empleados participen en actividades y eventos comunitarios.
  • Comunicación respetuosa y solidaria que permita romper el silencio en torno los trastornos de salud mental.

Como Don Mordecai, responsable nacional de Salud Mental y Bienestar de Kaiser Permanente, ha escrito: «Para que más gente obtenga la atención que necesita, es esencial comprender el estigma y tomar medidas para superarlo. Las empresas tienen la oportunidad de hacer frente a este estigma y asegurarse de este modo que los empleados se sientan respaldados, y marcar la pauta para el desarrollo de una plantilla productiva y mentalmente saludable».